Fran Mosquera

Era tan simple como decir la verdad, como explicar que la obra era costosa y delicada y que durante un tiempo los usuarios del estadio de Riazor iban a sufrir incomodidades. ¿Quién no ha tenido obras en casa? ¿Quién logró que se acabasen en la fecha indicada? Lo malo no es reparar. Eso nunca es malo. Lo nefasto es engañar, apuntar que todo estará arreglado en una fecha que siempre se supo impensable y para la que tampoco se emplearon medios que propiciasen su cumplimiento. Acaba octubre y la mitad de la grada de Marathón está a la intemperie, más de dos meses después de la fecha que dio en su día el gobierno local con Xulio Ferreiro al mando. “Entre el 15 de mayo y el 14 de agosto”, indicó hace ahora casi un año el edil Xiao Varela cuando se presentó el proyecto de reforma en el Palacio de María Pita. El 27 de octubre centenares de personas se marcharon del partido entre el Deportivo y el Reus (2-0 para los blanquiazules) indignadas después de que la lluvia les obligase a desalojar sus localidades en busca de cobijo.

La situación en el estadio fue entre surrealista y descorazonadora. La información que ofreció el Concello al club fue la de que por fin no debería de haber reubicaciones, que todos los asientos del estadio estarían disponibles. La sorpresa de una gran parte de quienes lo hicieron en Marathón Superior fue que al llegar se encontraron con el techo sin cubrir. Y ellos pagan por estar a cubierto. El viento y el agua que se deslizaba de la parte cubierta hacia el graderío convirtió aquello en un caos. Durante el partido y cuando más arreciaban los chubascos la gente comenzó a moverse por la grada en busca de un espacio seco. Los responsables de seguridad del Deportivo decidieron entonces habilitar incluso espacio en las gradas de Preferencia y Tribuna para acoger a aquellos que lo deseasen.

La imprevisión fue evidente, el enfado de la gente también. A través de las redes sociales las críticas llegaron incluso al Deportivo, que no deja de ser el primer perjudicado por la situación. Incluso a nivel económico: por fin en este partido pudo poner en funcionamiento uno de los dos marcadores del estadio, un soporte no solo informativo sino también publicitario que le proporciona sabrosos ingresos. Por suerte para el club ninguno de sus anunciantes se ha borrado, pero resulta complicado captar nuevos clientes para un soporte que no se puede emplear.

La lluvia llegó también para evidenciar que los 7 millones de euros de la obra no han servido para evitar que los usuarios de Preferencia Inferior puedan estar a cubierto. Ni siquiera en las últimas filas evitaron el chaparrón a pesar de que Ferreiro y su gente había asegurado que la mitad de la grada quedaría a cubierto. Resulta que en A Coruña la lluvia a veces viene acompañada de viento

La nueva fecha ahora es la del 14 de noviembre, que no agosto. Entonces se jugará el Teresa Herrera, Ferreiro estará en el palco y con su corte de concejales aspira a disfrutar del regusto de cruzar la línea de meta, aunque sea ya con el cierre de control. Nadie, sin embargo se atreve a asegurar que para entonces el estadio esté acabado. Y antes, el día 10, el Deportivo recibirá al Oviedo en una cita para la que se anuncia una amplia presencia de aficionados visitantes. Quizás deban de traer paraguas porque en las esquina del estadio (en una de ellas suele ubicarse a los seguidores foráneos) tampoco se han finalizado los trabajos y se ha instalado una cubierta provisional. ¿Debería el club alzar la voz y pedir responsabilidades? Diversos aficionados creen que sí, hubieran agradecido que se les hubiese informado cual era la situación exacta en cada grada, y así se lo han comenzado a solicitar al club a través de correos electrónicos a la Oficina de Atención al Deportivista.