Javier P. Lorenzo

“Los que tienen que preocuparse son los padres de los hijos a los que usted da Derecho con lo que les enseña”. La frase es quizá la aportación más brillante del socialista José Manuel Dapena en todos sus años de concejal y retrata a la perfección el mediocre papel que ha llevado a cabo el alcalde nominal de la ciudad, Xulio Ferreiro, manejado por el vigués Iago Martínez, en sus casi cuatro años de mandato.

Ferreiro llegó presumiendo de algo que ya no era. Le hacía ilusión poner en su currículum el cargo de magistrado suplente, incluso por delante del de profesor de Derecho. Suplente es la palabra que mejor define la trayectoria del mediocre alcalde que ha tenido que sufrir A Coruña desde el 2015, donde ha conseguido paralizar casi por completo la ciudad a cambio de premiar a unos pocos amigos con una serie de dedazos que habrá que ver como se resuelven: los contratos a Ergosfera, los pisos del firmante de la Marea, los colegas del Proxecto Cárcere, la inacabable ristra de beneficiarios del folleteo… La lista es eterna y habrá que profundizar en otros asuntos aún no judicializados, pero que seguramente acabarán así, como por ejemplo el nuevo contrato de las basuras.

A Ferreiro siempre se le olvida decir que a la plaza de magistrado suplente que ocupó durante algunos meses en Lugo se llega normalmente por otro dedazo, en este caso el de algún titular que te promociona siempre a cambio de sus propios intereses.

Quizá de Lugo le viene ese desprecio habitual a los procedimientos legales, donde ha quedado acreditado de forma fehaciente que sus juezas respetan poco a los teóricos reos si lo que pretenden demostrar no es posible.

Por ello, poco sorprende que Ferreiro use casi siempre la misma hoja de ruta, diseñada por el vigués que le maneja desde las sombras, salvo cuando viaja a Madrid, que le gusta ponerse en primera fila. El procedimiento es siempre el mismo. Primero, se culpa a la prensa (alguna) y/o a la oposición de poner palos en las ruedas y de ser malos malísimos y de intentar torpedear al gobierno mareante. Luego, se aplica el manual habitual de todos los partidos y se asegura con rotundidad que todo está bien y que todo es legal. Cuando se acreditan las irregularidades, la culpa es de los funcionarios y del concejal elegido como parapeto para que la mierda no salpique a Ferreiro y Martínez, la dupla que hace y deshace a su antojo. Por último, se asegura que se pondrá todo el material a disposición de los jueces, solo faltaría, y a esperar a que los procedimientos no avancen para intentar llegar sin más daños a las elecciones de mayo.

Pero Ferreiro ya solo engaña a unos pocos. Cada Dillo Ti es un calvario del que ya le cuesta hasta salir. Ya no digamos disimular la incompetencia del gobierno que preside. Su papel es el de suplente y que otros resuelvan los marrones. Como juez o como alcalde. Nunca será un buen titular.