Juan M. Domínguez

El mal gobernante tiende a restarle valor a lo extraordinario convencido como está, en su mediocridad, de que solo manda sobre lo cotidiano. El pasado lunes coruñeses y visitantes padecieron un atasco circulatorio inaudito no tanto por el hecho de que se produjese (que también) sino por la incapacidad de los rectores de la ciudad para encontrar una solución al colapso.

La situación fue extraordinaria porque el azar o quizás la probabilidad impide que ocurra todos los días, pero no por ello fue menos aguardada. El catálogo de vehículos atascados en el túnel de la dársena alerta sobre que ni se han tomado soluciones adecuadas en esa zona ni se hace nada por tomarlas. Como además sucedió que un bus sufrió un percance en la calle Panaderas fueron dos las vías que se cortaron en el centro de la ciudad. Mientras los conductores buscaban atajos y soluciones para salir del problema, los responsables municipales cayeron presa del estupor incapaces de proponer alguna. Tuvieron siete horas para hacerlo, pero en ese tiempo lo único que encontraron fueron excusas.

Que mientras la ciudad vivía una situación límite todos los ediles de la Marea decidiesen quedarse en el pleno debatiendo sesudas mociones alude al pelaje de un gobierno más ocupado en la dialéctica que en lo práctico; que tras todo el caos se escuche al voz de un concejal (Díaz Grandío) para que diga que un atasco no es una emergencia invita a pensar que la ciudad está en manos de unos irresponsables porque el atasco propició decenas de emergencias en cadena.

A Coruña está ubicada en un istmo y eso confiere a las cuestiones de movilidad una importancia extrema. Que las entradas a la ciudad se taponen en cuanto hay un simple choque por alcance pone en evidencia a quienes no son capaces de llegar a soluciones en Alfonso Molina que ya se han puesto sobre la mesa.

Ninguno de los conductores que embarrancan en los túneles de la ciudad acuden a ellos con esa intención. Lo hacen porque la señalización de las alternativas de que disponen es muy deficiente. Y en definitiva porque alguien no es que haga muy mal su trabajo sino que simplemente está atascado y no lo hace.