Se llama Julio Ransés Perez Boga y es un maestro del escapismo, un prestidigitador que puede ser concejal en Madrid mientras vive en A Coruña, un artista de la confusión que lo mismo defiende un orden del día para reclamar una junta de accionistas del Real Club Deportivo y luego explica que en esa petición existe “torpeza”. Un tipo que se presenta como candidato de una alternativa a presidir el club y luego la despedaza sin previo aviso. Como el gran mago que es intentó el último truco esta semana ante un juzgado: trató de convencer a una jueza de que jamás se había sido presentado como integrante de la alternativa pergeñada por Miguel Otero para presidir el Deportivo. No coló.    

El pasado 15 de junio Miguel Otero anunció que presentaba su candidatura a presidir el Deportivo, que impugnaría la Junta de Accionistas convocada menos de un mes después y que Pérez Boga, entonces concejal socialista (sin carnet) en Madrid, “llevará la parte económica del club”. Ese mismo día Otero convocó a la prensa para presentar un proyecto que jamás enseñó y apuntó también que había recabado 839 hojas de delegación de acciones para forzar la convocatoria de una junta de accionistas. “Y no 868 como dice el club que se han presentado”. Hace unos días algún medio de comunicación trató de convencer, en gran exclusiva, a sus lectores de que el Deportivo no había llegado a contar, que no es sinónimo de cotejar, las acciones presentadas por Otero. Así lo replicaron con profusión exclamativa los acólitos del nonato candidato a través de las redes sociales.

En medio de todo ese batiburrillo Pérez Boga, que no es abonado del Deportivo, luce como un cuerpo extraño. Otero le presentó como una “eminencia”. Pero su proceder es pura incongruencia.

Cuando la asesoría jurídica del Deportivo trató de hacer ver a la candidatura en la que se integraba que había varios defectos de forma en su petición de acciones porque la palabra “elecciones” no tiene cabida en una sociedad anónima, Pérez Boga explicó que lo que trataban era de utilizar “un término coloquial y descriptivo”. Cuando le explicaron que no era posible pedir el cese del Consejo de Administración del club sin que se eligiese uno nuevo no se recató en afirmar que solicitar eso fue “una mera torpeza”, cuando Otero había pregonado que ese movimiento era más que correcto. Las contradicciones de Pérez Boga le llevaron a apuntar que el documento de delegación repartido por el club era “impreciso” y a defender que “una firma manuscrita es aval para verificar la identidad”.

Tras sus primeras exhibiciones a la derecha de Otero, el partido socialista se inquietó. Le preguntaron si iba a seguir frecuentando esas compañías. Ransés explicó que no se embarcaría en esa flota, pero poco después, aquel 15 de junio, Otero le subió al barco. Desde entonces nada contracorriente. El pasado martes se litigó en un juzgado coruñés sobre si el modelo de delegación entregado por el Deportivo a sus accionistas se atiene a la legalidad. Otero sostiene que no. La jueza intervino poco, pero una de sus preguntas versó sobre si hubo accionistas que se quejasen por el modelo recibido. El consejero Enrique Calvete contestó: “A mí no me consta”. Pérez Boga fue taxativo: “No”.

Fue el único testigo citado por Otero que se presentó en la vista, los otros cuatro no aparecieron. Ya se sabe que una cosa es larear en la barra de un bar y otra acudir a un juzgado a defender algo complicado de sostener y ante decenas de periodistas dispuestos a levantar acta escrita y gráfica. Con amigos así Otero no precisa enemigos.

A sus íntimos Ransés ya les ha confesado su hartazgo por la deriva de un proceso en el que no cesa de hacer esfuerzos para ponerse de perfil. Anhela una resolución airosa. En septiembre renunció al acta de concejal en Madrid aduciendo “motivos personales”. Sólo él sabe que le ata ahora a la grotesca escenografía de la que participa.