En apenas dos meses Naturgy apagó la luz del Museo de Arte Contemporáneo de A Coruña y anunció el cierre de la central térmica de Meirama. Poco antes había llevado a cabo un plan para reducir plantilla que afecta a casi 300 trabajadores en Galicia. Sin miramientos, sin valorar siquiera que en esta tierra no solo tiene su embrión con Fenosa sino que contribuye en mayor medida que otras comunidades a nutrir la potencia hidráulica y eólica de la compañía.

Las empresas del siglo XXI son se esa calaña, como Naturgy, una nueva marca que destierra su pasado y alude a la “innovación, la digitalización y la simplicidad”, palabras huecas mientras sigue además esquilmando con facturas disparatadas a sus clientes, obviamente heredados de la fenecida Fenosa. La mitad de los puntos de suministro de Naturgy en toda España están en Galicia, casi la mitad de esos puestos de trabajo de los que prescindió también.

Naturgy cobra más de 22 euros al mes a sus clientes por un servicio “Servigas Complet” del que hay amplia literatura en las redes sobre como darse de baja. Pocos han encontrado la manera. Es la misma empresa en el punto de mira de la Fiscalía, que la acusa de «práctica ilícita y abusiva» al incumplir la obligación de realizar las lecturas del consumo real de electricidad en los contadores y emitir las facturas en base a estimaciones. Es la compañía que no ha tenido reparos en que 186.000 de los 230.000 clientes gallegos que se beneficiaban de los descuentos por el bono social se quedasen sin esa ventaja. Mientras tanto, marca máximos históricos en su cotización bursátil.