«Vamos a tener que hacer cosas para que nos sigan votando», debieron decir los miembros del desgobierno de la Marea en alguna de sus últimas reuniones, así que decidieron hacer obras en todos los rincones y huecos posibles para hacer pensar a algún que otro ciudadano que su bienestar realmente les importa. Habrá portadores de buena fe que caigan. Siempre los hay. Otros, directamente, se preguntarán si se están riendo en su cara.

La ciudad se ve inmersa desde hace unas semanas en una corriente de obras de no tanta importancia, en un inocente intento de arañar votos para las cada vez más cercanas elecciones municipales. También existe la forma de verlo como una manera de compensar las incontables muestras de incompetencia a la hora de gestionar los proyectos de más magnitud. Sí se han puesto a tope con la creación de varias arquetas, en arreglos menores de la red de saneamiento, la mejora de acceso a las marquesinas (imprescindible medida) o la inclusión de nuevos servicios soterrados.

Esta batería de pequeñas obras se realizarán en zonas como la ronda de Nelle (aparte del derribo del viaducto, otra arma electoralista de armas tomar), Alfonso Molina, Pérez Ardá, Antonio Machado o Rafael Alberti, además de la avenida de Monelos. En la calle Enrique Mariñas Romero, por ejemplo, la implantación de las mencionadas arquetas implicará la supresión de la zona de aparcamiento hasta finales de marzo, además de otras consecuencias en cuanto a estacionamiento y tráfico de vehículos. Hay que reconocer que este aspecto se le da muy bien al Concello.

Las prisas, pues, vienen ahora. No hace mucho que la Xunta de Galicia denegó la cantidad de 6,5 millones de euros solicitados por la Marea en concepto del Plan Estatal de Viviendas a realizar entre 2018 y 2021. Precisamente por la baja cantidad de obras realizadas durante la legislatura. Ahora vienen todas de golpe. Hay que dar buena imagen, claro, todo sea por un puñado más de votos de indecisos.