Los brazos progres de la nueva política de A Coruña y Santiago de Compostela viven una complicada situación tras pensar por un momento en las consecuencias electorales de algo que ellos mismos provocaron. 2018 fue un año caracterizado por la explosión de las discordancias en En Marea, padre de todas las confluencias, cuando la Marea Atlántica de Xulio Ferreiro y la Compostela Aberta de Martiño Noriega decidieron rebelarse e ir contra Luís Villares en las primarias de la organización para apoyar a David Bruzos. «Lo que piensa David y su candidatura representan lo que yo entiendo que debe ser En Marea», comentó Ferreiro en su día. Ahora En Marea se ha roto y los alcaldes rebeldes procuran no salpicarse con detritus que les afecte a la hora de afrontar el cercano período electoral. La presentación de dos listas separadas en los comicios generales es una posibilidad más que real y ahora coruñeses y santiagueses pretenden que no influya en los municipales.

Marea Atlántica hizo la del perrito faldero con Compostela Aberta y directamente copió su estrategia para intentar evitar la debacle: «mantener una posición autónoma» en las elecciones generales en el probable caso de no crearse una candidatura única. En honor a la libertad de acción de la que tanto presumen, sin embargo, los mareantes anunciaron que cualquier militante podrá «apoyar libremente cualquier opción», pero clarificando que la Marea Atlántica en sí se desmarcaría, dado el caso, de cualquier confrontación. El caso de Noriega y sus compañeros y compañeras es el mismo, tanto en estrategia como en temores.

Así lo comunicaban: «Compostela Aberta desexa e dará apoio a unha candidatura galega de unidade popular que sexa representativa do conxunto do espazo. Consideramos que é o momento da xenerosidade de todas as partes mais, en todo caso, o noso proxecto non aspira a facer parte, do punto de vista legal, da candidatura. En caso de no conseguirse, manterá a súa independencia fronte ás hipotéticas propostas. Entendendo que os nosos representantes institucionais e orgánicos, así como o conxunto das persoas inscritas, terán liberdade para apoiar a opción electoral que consideren». En resumen: miedo.

A la situación concreta de Ferreiro y Marea Atlántica se le suman los problemas con posible afectación electoral con una facilidad pasmosa. La repentina preocupación por la ruptura organizativa que ellos mismos provocaron se une al conflicto fruto de la multa al Concello coruñés por las expropiaciones del Castro de Elviña. 14,5 millones de euros, como mínimo, ocultados con la ayuda del Partido Socialista para buscar exactamente lo mismo: que la gente no se enfade con ellos y les siga votando. Pocas veces unos papelitos electorales fueron tan preciados.