Hace cuatro años un mitin en el Palexco marcó un punto de inflexión en la política municipal coruñesa. Pablo Iglesias, que entonces era el líder de la nueva política que iba a cambiar España, acudió a A Coruña para investir con su pretendido manto regenerador a un juez suplente de ojos saltones al que nadie conocía. Triunfaba lo nuevo, que en realidad era lo desconocido. Cuatro años después ese alcaldiño promovido por Iglesias es un bluf, el firmante de una trayectoria que ha decepcionado incluso a los que menos o nada aguardaban. Iglesias, por su parte, pilota un partido en caída libre, una formación que presumía de pátina asamblearia y en la que han proliferado las purgas internas. El desplome y su discurso igualitario no ha impedido que el jefe podemita se haya comprado un casoplón en una zona noble del norte de la provincia de Madrid.

Cuatro años después hubo nueva cita en Palexco, pero ni Ferreiro ni Iglesias aparecieron. El alcalde tiene previsto participar este lunes nueva excursión en el exterior, una charla sobre políticas de colectivos vulnerables en tierras suizas con colegas de Glasow, Nur-Sultan, Annemasse, Bakú, Cascais y Bratislava. Como para perdérselo porque además hablará sobre sus iniciativas para poner a disposición de esos desfavorecidos viviendas saludables y asequibles, infraestructuras y servicios básicos. Podía haberse llevado a algunos de los chabolistas de A Pasaxe.

Pablo Iglesias envió a A Coruña a su consorte, la marquesa de Galapagar. Así que Irene Montero, la misma que en su día afeó a Inditex que evitase “pagar 585 millones en impuestos” llegó a al ciudad dispuesta a rajar de las grandes empresas que tiran no ya de la economía española sino de la coruñesa. Porque también se acordó de Repsol. Sucedió ante un auditorio limitado. Si hace cuatro años Iglesias llenó el salón de actos principal del Palexco, ahora los podemitas apenas juntaron a tres centenares de acólitos en el hall del Palacio de Congresos. 

A la reunión en el pasillo tampoco acudió Martiño Nogueira. Apenas fue el alcalde Ferrol, Jorge Suárez, y Xiao Varela como superviviente de la nueva vieja política herculina. Dos concejales más, ambos en la rampa de salida, estuvieron también allí: Rocío Fraga y Xosé Manuel Sande. Esta vez no hubo que recurrir a abrir apenas una puerta para formar colas eternas ante el Palexco. Ni para eso daba. Cada vez tiene menos credibilidad la Marea, enredada en otra nueva práctica dudosa con el concurso de recogida de basura y las presiones a técnicos del ayuntamiento en un proceso que favorece a FCC.