De ridículo en ridículo y en el tono menor que cabría esperar de tal elenco de secundarios, la tropa socialista que aspira a gobernar A Coruña no cesa de protagonizar sainetes. La colección de despropósitos en los últimos meses servirían para ilustrar un manual de desastres. Ahora llega el último: a mes y medio de las elecciones municipales Inés Rey busca responsable de comunicación.

Partieron de unas primarias que coronaron a una candidata postiza, un mal menor para dejar atrás al barconismo que puede acabar siendo un mal mayor. Llegó luego la consulta a la militancia que dejó claro que los paracaidistas no son bienvenidos y aclararon que el Sancho Panza de la Diputación no pinta nada en una candidatura herculina. Ahí está, paseándose por una ciudad que desconoce para pedir el voto.

Las listas se removieron porque sirvieron para faltar al respeto a las bases. Se produjeron lógicas deserciones. Todavía queda gente digna en política. Y empezó la precampaña. E incluso la campaña. Ahí se puso en evidencia que la estrategía socialista está muy alejada de la calle. Es una campaña de tertulia radiofónica, visitas para la foto, poca calle, titulares vacíos y poco calado político, incapaz de extraer un mensaje de ilusión.

Toda esa atonía se puso sobre el tapete en el primer acto electoral en Curros Enríquez. ¿A quién ilusionan los candidatos del PSOE en A Coruña? Faltan pesos pesados, falta carisma, ideas, capacidad para atreaer. Falta pasión en la manera de comunicarlo.

La campaña socialista es tibia, pero de pronto se calentó. Un tuit de la pareja de la responsable de comunicación de Inés Rey desató una tempestad. La cosa ya venía de atrás. Ya hubo más publicaciones en las redes sociales que se pusieron en discusión en las filas socialistas. Y no sólo por parte del consorte. Simpatías nada veladas por otros grupos políticos, flirteos para conseguir carguiños en chiringuitos mareantes. Más de una voz alertó a Rey sobre lo que le rodeaba. Tampoco ayudó el día a día a mejorarlo. No sobraban ideas para vender la moto. 

“El PSOE siempre me ha parecido un cáncer para la izquierda y no hay un solo día que con su incoherencia no lo demuestren”. Ahí sigue la publicación en redes sociales. Suficiente para que la dirección socialista haya reaccionado y decidiese liquidar la relación con la pareja del escribano, incapaz de poner orden en su casa. “Politicuchos de guardería con su juego de tronas infantil e irresponsable donde los egos pesan más que los proyectos”, concluyó el twittero. Su pareja ha tenido que dejar el trabajo. 

Falta mucha categoría.