El ayuntamiento dirigido por la Marea Atlántica es muy ecologista. No neguemos que esté bien cuidar el medio ambiente (lo es), pero ni siquiera el extremo de este lado es bueno. No parecen darse cuenta en las verdes filas mareantes, promotores de medidas que desde hace años rebajan la movilidad de A Coruña hasta el punto de crear problemas donde antes no existían. El carril bici de Díaz Grandío, promotor de una infraestructura con el objetivo de convertir a la ciudad herculina en «la capital ciclista de Galicia», sigue dando problemas incluso a día de hoy. Bien conocidos son los del aparcamiento del Materno, donde antes había un arcén idóneo (y no ilegal) para estacionar en caso de urgencia. Ahora si alguien tiene prisa y carga con un enfermo deberá intentar hacerle un sitio en la bici.

«Sacrificios», llegó a denominarlos Grandío, cuyos compañeros del Concello decidieron compensar el problema ampliando los itinerarios del 12, el 12A y el 17. Aún así, siguen sin ofrecer soluciones a los casos de urgencia. ¿Se imaginan una desgracia por haber perdido el bus, o porque el trayecto del mismo no fue todo lo rápido que hubiera sido en un vehículo privado? Un despropósito que ya han denunciado más de una vez las fuerzas de la oposición: «Asistimos a un proyecto desastroso que impone una mediana en plena zona urbana, que elimina la zona de aparcamiento y deja prácticamente sin servicio de carga y descarga a los comerciantes», comentó en su día Rosa Gallego sobre la pésima implantación del carril en Primo de Rivera. Las plazas de aparcamiento bajan su número gracias a unas medidas que también perjudican al usuario de vehículo privado del área metropolitana, pero no pasa nada, porque podrán dirigirse a A Coruña en bicicleta.

El dichoso carril bici parece haberse llevado todo el esfuerzo del Gobierno local, porque no hay ni rastro de una de las medidas incluidas por la propia Marea en su programa electoral de 2015: la creación de una red de aparcamientos disuasorios gratuitos conectados con el transporte público que facilitaría la movilidad con respecto al área metropolitana. Y sí, de forma sostenible. Al final, estas plazas disuasorias se han convertido en medidas que precisamente disuaden a la gente del área a visitar A Coruña de cualquiera de las maneras. Cuatro años después, y para variar, no hay ni rastro de una idea que precisamente pudo haber sido el término medio tan reclamado. A día de hoy solo se ha implementado el aparcamiento disuasorio de Lonzas, y promovido por los predecesores populares de la Marea Atlántica. En su programa electoral de 2015, los mareantes especificaron que la idea necesitaría un consenso entre ayuntamientos que nunca ha existido por la amplia dificultad de un acuerdo beneficioso para todos. Una vez más, teoría bonita y práctica desastrosa.