Las páginas del libro de Historia de A Coruña dedicadas al carril bici mareante adquieren ya tintes que firmarían los mismísimos hermanos Marx. El problema ahora es pequeño, pero numeroso y muy puntiagudo: chinchetas. Estos pequeños objetos fueron avistados en masa en el tramo del carril correspondiente a la avenida de A Pasaxe, justamente donde se encuentran el Chuac y el Materno. Por lo visto, alguien no comparte los húmedos sueños de Daniel Díaz Grandío por convertir A Coruña en la capital ciclista de Galicia: «Estaba plagado de chinchetas. Parecía un campo de minas», explican varios de los usuarios de bicicletas, que han visto cómo sus vehículos acusaban la presencia de estos afilados invitados. «Hubo muchas personas que sufrieron pinchazos. Si le pasa a una familia se quedan tirados, porque están en tierra de nadie», denuncian los afectados. Las hipótesis de lo ocurrido transcurren por el mismo camino: algún ciudadano molesto con la obra que decidió emprender la más cruda de las venganzas.

La Policía Local se ha encargado de recordar que el acto supone un delito contra la circulación, pero la dificultad de cazar in fraganti al autor de algo así cobra tintes imposibles. El ayuntamiento, por otra parte, tardó varias horas en eliminar las chinchetas del delito de la escena del crimen, hasta el punto de que durante la -sorprendente- inacción los propios ciclistas debieron echarlas a un lado para evitar más accidentes.

No es la primera vez que el tramo del carril bici del Materno ofrece material para capítulos de comedias de situación. Hace poco más de un mes, personas todavía sin identificar decidieron eliminar todas las señales de prohibición de estacionamiento. El resultado de esta clase diferente de venganza, sin chinchetas de por medio, se reflejó en decenas de coches aparcados en zonas preparadas para las debidas excavaciones justo cuando los obreros llegaban para continuar su trabajo. Para libro.