Los vecinos de los mismos barrios desprotegidos por la Marea durante sus cuatro años de mandato ven ahora cómo el consistorio se acuerda de ellos a escasas fechas de las elecciones. No cuela. Buen ejemplo de la total falta de mantenimiento de las calles es la mediana de Ramón y Cajal, convertida durante más de 1.400 días en un selvático vertedero en el que la gente está totalmente abandonada a su suerte. Todo gracias a los que iban a cambiarlo todo y al final no han pegado un palo al agua, que ahora quieren convencer a los vecinos y vecinas de este concurrido barrio que son parte de esa «xente do común» que tanto preocupa a Ferreiro y sus amigos. La realidad solo es una: que los comicios están a la vuelta de la esquina, y el tan necesario mantenimiento que se debió realizar en estos años se está haciendo ahora. Esto es como si el propio alcalde abandonara la limpieza de su domicilio durante una legislatura y de repente decidiera ordenar todo el día antes de una visita importante.

Las consecuencias llegan, por ejemplo, en forma de ruido en plena noche, algo que han denunciado no pocos vecinos. Han tenido que aguantar a toda la maquinaria en pleno funcionamiento literalmente al lado de sus casas. «Y si os molesta, os ponéis tapones», viene a creer el desgobierno local, que se acordó hace un mes de reparar el asfalto de la zona fruto de las irregularidades creadas tras la implantación de su dichoso carril bici.