¿Estaría usted dispuesto a realizar un trabajo gratis durante años y sufrir insultos, vejaciones y todo tipo de rumores y mentiras sobre su vida personal y laboral? ¿Sostendría que todo eso pudiera tocar la línea de flotación no solo de su carrera profesional sino de empresas de las que comen muchas familias? Tino Fernández y varios de sus consejeros estaban en esa tesitura. Soportaron cinco años. El hartazgo por esa situación, los palos en las ruedas de algunos taimados equidistantes y la desesperanza por ver que los esfuerzos y desvelos no se traducen en éxitos deportivos que renovasen sus ilusiones… Todo se ha sumado para que hayan presentado su renuncia y se abra un periodo, breve, para el relevo. Queda por ver si quienes llegan la gestión de los salientes. Donde lo tienen complicado es en la clasificación de la honestidad y el deportivismo. Ahí Tino Fernández y su gente se marchan como líderes.

Llega ahora el momento para quienes aguardaban en el banquillo, suplentes. El Deportivo es ahora mucho más goloso que en 2014, cuando meterse en aquella cueva de la Plaza de Pontevedra en la que la caja acunaba telarañas era una cuestión de fe. Entre los que dieron el paso estaba Fernando Vidal, que dejó el Consejo de Administración del club tres años después. Vidal nunca ha negado que aspira a presidir el Deportivo. Y que daría el paso siempre que Tino no estuviese en juego. Ahora es su oportunidad. Todo el mundo le espera.

Habrá que ver quien le quiere. Vidal se ha esforzado desde que dejó el Deportivo en aparecer como un hombre de consenso y ha guardado un estudiado silencio, apenas roto por algún devaneo en las redes sociales liquidado tras algún buen consejo. Con su firma rubricó un comunicado de despedida en el que se preocupó de quedar bien con Lendoiro, con Fran y con los Riazor Blues, un combo completo. Ya estaba construyendo su futuro.

Pero Vidal suscita recelos en muchos sectores del deportivismo, que duda además de su capacidad para liderar el club. Tras un tiempo en el que los mayores reproches que se le hicieron a Tino eran los referentes al ámbito deportivo, no es posible olvidar que Vidal lideró esa área durante el tiempo que estuvo en el club. Y que por más que se deje hacer fotos con Fernando Vázquez fue él quien decidió la destitución del técnico del Castrofeito en un momento en el que las parcelas estaban divididas en el club y Tino había delegado en él competencias y decisiones futbolísticas.

Vidal Raposo echó a Vázquez, apostó por Víctor Fernández, incorporó al club a Richard Barral y acabó con desapego respecto a Tino y el resto de la dirigencia del club porque no quería a Pepe Mel ni a ninguna otra alternativa. Ya se había sentido desautorizado con la contratación de Víctor Sánchez del Amo, que fue la primera vez que Tino Fernández impuso su autoridad en la parcela deportiva. Vidal y Barral trataron de fichar a Raúl Caneda como entrenador. Contaba para ello con el incondicional apoyo de La Voz de Galicia, periódico al que durante bastante tiempo informaba de cada paso que daba o pretendía dar. Ese fue también un punto importante de fricción con Tino, que jamás quiso darle ni agua a Sabón.

La aparición de Vidal en el proceso abierto ahora es cuestión de tiempo. Más complicado es saber si conseguirá el apoyo del medio centenar de accionistas, muchos de ellos empresarios a los que acudió Tino en busca de músculo económico que pudiese cubrir las exigencias de la Agencia Tributaria en la ampliación de capital. El poder accionarial de Vidal, un empresario del sector marítimo, apenas llegaría en estos momentos al entorno del uno por ciento del club.

En la noche de ayer tras el anuncio de la salida de Tino del Deportivo ya empezaron los movimientos entre alguna persona de larga experiencia en el entorno del club para tratar de aunar voluntades y generar una alternativa. Hace falta ser valiente. Si algo ha quedado claro en las últimas horas, también en los últimos años, es que cuatro personajes medianamente organizados en el estadio o en las redes sociales pueden amargar la vida de cualquier bien intencionado deportivista que quiera sacar adelante al club. Aquel que llegue tiene por delante varios retos, pero sobre todo cumplir con uno que Tino no pudo lograr: conseguir que la verdadera voz del deportivismo fuese la de la mayoría.