Inés Rey continúa en su empeño por completar un arduo e intenso trabajo de propuestas insulsas y frases de cara a la galería, de esas que te hacen quedar bien con la gente, pero toda esa retahíla de apariciones esconde un único gran deseo: la victoria del jefe supremo Pedro Sánchez en las inminentes elecciones generales. Ya no solo porque sea el líder de su partido, sino porque desde el Partido Socialista de A Coruña una hipotética victoria del pedrismo se interpretaría como un empujón vital a la hora de afrontar los comicios locales. Justo ella, que fue susanista.

Tal es la confianza de Rey y sus irregularmente elegidos acólitos en su proyecto propio, que aún así ni siquiera permitiría a los de la rosa y el puño gobernar con mayoría en el consistorio de María Pita salvo alineación de planetas de última hora. Es por eso por lo que, a pesar de gozar de esa posible victoria de Sánchez en España (que se usaría en la campaña local sin ningún género de dudas), el futuro del PSOE pasa irremediablemente por pactar con los un día amigos y otro enemigos de la Marea Atlántica de Xulio Ferreiro.

Pedro Sánchez se erige como la gran baza de Inés Rey, una candidata que apareció de la práctica nada y de la que se habla más por las extrañas circunstancias de su elección en las primarias que por propuestas. Este tampoco es precisamente el fuerte de la abogada, que entre sus últimas ideas se incluyen aspectos relativamente nimios como la creación de una fiesta gastronómica o de un espacio cultural en la lonja de Gran Sol. Poco se sabe sobre las materias de importancia, pero a Rey le queda un mes para pensar en algo un poco más convincente que intente hacer ver a la gente que ella es la persona adecuada, y no otra.

Mientras todo esto ocurre, la candidata deshoja la margarita hasta que llegue su verdadera hora decisiva: el 28A.