Hace aproximadamente 10 meses, el Concello tuvo la gran idea de peatonalizar la Ciudad Vieja en un ataque más a los usuarios del vehículo privado de A Coruña. La gran mayoría de coches desapareció, y para compensar se establecieron ciertos espacios de estacionamiento para los vecinos de la zona. Uno de los objetivos era acabar con la mala praxis de algunos de los conductores, pero el tiempo ha demostrado que el remedio fue peor que la propia enfermedad.

Los mismos que cometían las infracciones continúan haciéndolo, otros residentes de la Ciudad Vieja no paran de denunciarlo y mientras tanto el Concello ve cómo la situación se le ha ido de las manos: «Desde el comienzo de año, las tarjetas antiguas no son válidas y todavía no está solucionado. Aún hay coches que tienen los papeles de solicitud del pase, y si no tienen la pegatina definitiva es que no cumplen algún requisito para usar la zona, pero no hay un control policial efectivo», comentan desde la Asociación de Vecinos. La falta de efectivos es un hecho, aunque el consistorio coruñés contestó a la ristra de peticiones con una batida de cara a la galería. Ese día sí aparecieron multas en los automóviles infractores, pero nada más se supo. En resumen, da igual si cumples las normas o no en la Ciudad Vieja. Nadie hará nada para regularlo salvo sorpresa.

Lo que sí provocó la peatonalización fue el descubrimiento por parte de los ciudadanos de un estado cuanto menos discutible de algunos de los sectores de la zona. «Los problemas crecen», como aquella serie de televisión. El Concello ya contaba con un plan de reurbanización para mejorar el aspecto de varias de las infraestructuras, pero ni se ha hecho nada ni tiene pinta de que ocurra durante el mes restante de mandato.

Ni siquiera la cercanía de las elecciones municipales, gran motor del Concello en las últimas fechas para la realización de obras de última hora, ha logrado activar el proceso. Xiao Varela y Daniel Díaz Grandío, que en su momento prometieron la reforma de cinco zonas de la Ciudad Vieja, se vieron en la tesitura de comentarle a los vecinos que solo se ocuparían de la reforma de Nuestra Señora del Rosario.

Puede que ni eso, porque ni siquiera están legislados en negro sobre blanco y dentro de poco más de un mes puede haber otros ocupantes en María Pita. ¿La razón del recule? El más de millón y medio de euros estimados para las obras totales. Más o menos lo presupuestado para fiestas.