Si toda Galicia se quedara callada durante un simple medio minuto, podría oír el llanto de los actuales dirigentes de En Marea. Quizás también un pequeño concierto de violines al estilo Titanic. Poco menos merece el auténtico ridículo de la formación en las Elecciones Generales españolas, en las que ha sacado la friolera de cero diputados y diputadas. Esta no será la semana más feliz de la vida de Luis Villares, un hombre que se puso al frente de En Marea y vio cómo los escándalos y las confrontaciones no paraban de llegar. El resultado viene en forma de presencia nula en el Congreso, así que los cinco representantes mareantes instalados en Madrid desde 2016 ya pueden empezar a hacer la maleta, porque vuelven a casa por primavera.

Parte de este desastre es provocado por resultados como el obtenido en la ciudad de A Coruña. En Marea apenas ha sido tenida en cuenta por sus habitantes, que incluso han emitido más votos a favor de los animalistas de PACMA (séptima fuerza política en la ciudad según los resultados de las elecciones) Los meses previos a los comicios generales se llenaron de dudas y división. Se planteó la posibilidad de presentar a Marea Atlántica y En Marea (Frente Judaico Popular y Frente Popular de Judea) a las elecciones, pero finalmente fueron los segundos y sin ningún tipo de apoyo del resto de partidos de izquierda de Galicia. Se rodearon de gloria.

La cosa no acaba aquí, porque Villares -agárrense los machos- está contento con los resultados de las Elecciones Generales que no le han dado ni un diputado porque «las derechas no han sumado lo suficiente para conformar Gobierno». También por la «alta participación». No debería estar demasiado alegre con respecto a esto último, porque el hecho de que en una de las elecciones con más participación no haya visto ni un escaño le deja en peor lugar todavía. «Nos sentimos parte del bloque progresista, la polarización del voto no nos ha beneficiado», añade. Dos conclusiones de su intervención postelectoral: incapacidad de asumir la nula influencia que ofrece su Marea y sobre todo cero autocrítica.

¿Qué pasará ahora, entonces? ¿Nuevas primarias? ¿Dimisiones? A En Marea le esperan unas semanas movidas. Mientras, Villares sigue «contento».