Fernando Vidal Raposo presentará su candidatura a la presidencia del Deportivo. El que fue consejero responsable del área futbolística del club durante casi cuatro años se postula para suceder a Tino Fernández, contra el que dijo que jamás se presentaría. Cumplió su palabra. Vidal da el paso sin excesivo convencimiento, pero persuadido de que debe ser una alternativa a Jesús Martínez Loira, una persona vecina al club durante las últimas temporadas aunque no ocupase cargo alguno en el organigrama del Deportivo, al contrario de lo que alguno de sus publicistas tratan de explicar a algunos medios de comunicación. Puede pronto haya más publicistas y más publicitados.

Vidal da el paso sabedor de que puede que no disponga de un amplio paquete accionarial. No parece probable que vaya a gozar de la simpatía de los principales actores entre los más de 25.000 propietarios del club. Tampoco goza de simpatías en amplios sectores del deportivismo.

Hombre honesto, muy deportivista, pero seguramente equivocado en muchos aspectos, Vidal llevó la parte futbolística del club y estuvo en el origen de muchas decisiones impopulares que fueron asumidas por todo el Consejo de Administración. Su relación con Fernando Vázquez era tirante cuando el técnico de Castrofeito estaba en el club. Luego hizo por mejorarla. Pero fue Vidal el que más empujó para que Vázquez saliese del Deportivo después de un tramo final de temporada en el que, a pesar del ascenso, el entrenador era cuestionado por un amplio sector de la afición. 

Vázquez lo sufrió y así se lo contó a sus íntimos, pero siempre se sintió con fuerzas y voluntad de seguir al mando. Pero la relación con los responsables deportivos del club no era fluída y se rompió con el detonante de aquella charla pública en un campus infantil en la que criticó la política de fichajes que dirigía Vidal, que aquel mismo verano se fue a Londres a fichar al griego Mitroglou y tuvo que acabar marcando el teléfono de Mendes para que le dejase a Helder Postiga.

Vidal decidió entre los posibles sustitutos de Vázquez que su apuesta era Víctor Fernández. Cuando quiso cambiarla llamó a Raúl Caneda, pero entonces fue la primera vez que Tino Fernández impuso su criterio en la parcela deportiva para que entrase en el club Víctor Sánchez del Amo. Vidal se había quemado en una labor casi de director deportivo y aquel verano se decidió situar un cortafuegos y nombrar en ese cargo a uno de sus colaboradores, Richard Barral, que nunca dejó de ser el número dos del consejero. Tras la crisis del vestuario desgobernado por Sánchez del Amo apostaron por Gaizka Garitano, pero no después por Pepe Mel y ahí se acabó de romper la confianza entre Tino y Vidal, los dos amigos que se habían juntado en el verano de 2013 para dar una alternativa a un Deportivo roto.

La última labor en la que se involucró con intensidad Vidal fue la de confeccionar la plantilla del Fabril para su regreso a Segunda B. De ello presume como si esa fuese la única responsabilidad deportiva que tuvo en el club y nada de lo anterior con la primera plantilla hubiese ocurrido. La sacó adelante además con el máximo presupuesto de la historia del filial. Conformó un gran equipo contra viento y marea, contra aquellos que le criticaron por buscar futbolistas fuera de la cantera gallega. También soportó la censura de aquellos que no entendieron los retoques en el fútbol base a su llegada al club. Apostó por José Ramón como técnico del juvenil y se dejó aconsejar por Fran en muchas decisiones hasta que no se atrevió a dar el paso y dejarle la responsabilidad de la cantera a O Neno.

Vidal se fue y los fichajes o movimientos de despacho del Deportivo comenzaron a anunciarse en la página web del club. En su despedida emitió un comunicado que el club difundió cortesmente y en el que comenzaba explicando: “En los últimos tiempos, por muy diversos motivos, no me he sentido todo lo cómodo y a gusto que hubiera deseado…”. Luego explicó que iba a seguir apoyando al Consejo de Administración tanto en lo social como en lo deportivo y lanzó agradecimientos a diestro y siniestro, excepto a sus excompañeros al frente del club.

Desde entonces su relación con Tino Fernández es fría. Entusiasta del fútbol, menos entendido de lo que cree, su anhelo es ser presidente del Deportivo. No le interesan los aspectos de gestión, solo mira hacia la pelota, al mercado y las alineaciones. Dispone del incondicional apoyo de La Voz de Galicia, pero tiene pinta de que eso, a estas alturas, ya no tiene el valor de antaño.