La clave coruñesa de las elecciones del domingo tiene a la Marea entre alarmas. Las vendas ya habían llegado antes de las heridas, pero ahora directamente ya estén en la enfermería. “As eleccións municipais dependerán de que sexan municipais ou sexan outra cousa. Se o tema a discutir e o futuro da cidade, a Marea no debería ter problema. Se consiguen convertilo nunha revalida das elección xerais será máis complicado”, explicó Iago Martínez, el candidato vigués, seguidor del Real Club Celta y jefe del alcalde Ferreiro en una tertulia a la acudió a la sede de la Revista Luzes, su antiguo trabajo antes de arribar al ayuntamiento de la ciudad en la que siempre se ha sentido forastero.

Martínez elucubra sobre la capacidad de la xento do común para discernir ante que tipo de comicios se encuentran. E intuye que si no votan a la Marea es porque a) les manipulan b) son bobitos. El problema de Martínez radica en que no le salen las cuentas. La primera que no le sale es la de que como número siete en la lista mareante vaya a tener asiento en el salón de plenos de María Pita. Podemos sumó este domingo 24.429 apoyos en A Coruña que sumados a los pírricos 1.542 de En Marea les dejarían dentro de un mes seis ediles.

No parece probable en todo caso que los resultados vayan a ser un calco, por mucho que Martínez lo deslice. Hay matices que así lo anuncian. El primero de ellos el efecto Vox en la llamada a las urnas de mucha gente que no suele pasarse por ellas. En esta oportunidad apenas un 24,1% de los coruñeses capacitados para acudir a las urnas se quedaron en su casa. En las elecciones municipales de hace cuatro años la abstención se elevóa hasta el 39,9%. Más de 31.000 personas acudieron a votar respecto a aquellos comicios.

Podemos se benefició de este pico de participación. Aún así, y en la suma con En Marea, se ha quedado a 10.000 votos de los obtenidos por los mareantes en 2015. Las cuentas de los acólitos de Ferreiro y Martínez apuntan a que en las municipales el número de votos puede caer más abajo de los 20.000 y llegar con apuros al quinto concejal. Tampoco les favorece el alza del BNG, que obtuvo en la ciudad 5.000 votos más que en las últimas elecciones generales y 1.400 más que en las pasadas municipales. Y queda, en definitiva, por contabilizar el voto de castigo al desastre de gobierno local, un voto que se desangrará en varias direcciones.

No se hacen chistes en la Plaza del Humor porque perciben además que todas las demás fuerzas políticas están al alza, al margen de los condicionantes de la política nacional. El PSOE le va a rascar votos a la Marea y la suma entre Partido Popular, Ciudadanos y Vox se ha ido el domingo más allá de los 62.000 votos. Carlos Negreira obtuvo la mayoría hace ocho años para el PP con algo más de 51.000. Y ni Ciudadanos ni Vox parecen en condiciones de repetir apoyos dentro de un mes sin estar bajo el paraguas de sus líderes nacionales y con unos candidatos que hasta el momento no sólo no han presentado programa o idea alguna sino que ni siquiera han dado la cara.

Mientras tanto Martínez insistió en su antigua casa en ofrecer una idea sectaria de la ciudad, aludió a los últimos cuatro años como si la Marea fuese una fuerza política en la oposición, tocó todo tipo de temas como si se tratase de un hombre del Renacimiento, o en realidad un alcaldiño, y se animó a decir que la crisis salvó a A Coruña de que el puerto no cayese en manos abyectas.