Hechos tan normales como abrir un pequeño negocio o instalarse en una casa propia ya son difíciles de por sí en los tiempos que corren, pero a los que deciden hacerlo en A Coruña hay que aplicarles un factor que también hay que tener en cuenta: el vandalismo. Evidentemente no a niveles dignos de una nueva entrega de Mad Max, pero los hechos son los que son y dicen que A Coruña es la ciudad gallega con más riesgo de robo. A esa conclusión ha llegado la UNESPA (Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras), que no es precisamente un don nadie en esta disciplina. En su estudio ha tenido en cuenta factores como el número de saqueo de comercios, viviendas o vehículos en los últimos tiempos.

La ciudad herculina es la peor en este sentido de una lista que encabeza Lugo. La ciudad amurallada, además, es el segundo lugar más seguro de España. Ya le gustaría a algún otro de la zona noroeste. A nivel Galicia le siguen el rastro Santiago de Compostela, Vigo, Ourense y Pontevedra. De última está A Coruña, que a la vez se encuentra entre las 30 ciudades españoles con los robos más graves (la única gallega). Los datos del Ministerio del Interior tampoco dejan a la ciudad gallega en muy buen lugar. Según el organismo gubernamental, su media de robos en comercios no ha bajado en los últimos dos años. Otra estadística para enmarcar, justo al lado de la de la OCU en cuanto a limpieza. Henchidos de gloria.

Otro de los hechos que preocupa a las autoridades locales es el cada vez más alto número de actos vandálicos que tienen como objetivo los árboles de la ciudad. La caza de los responsables es ardua y difícil, pero en su momento el Concello y su concejalía de Medio Ambiente (encabezada por María García, que estaba en Chipre durante la acumulación de basuras de enero) ya hicieron carne la maravillosa idea de emprender una pegada de carteles de búsqueda en zonas habituales de esta clase de vandalismo como A Grela o Santa Margarita. Una medida más de cara a la galería. Los árboles a veces son objeto de zarandeos agresivos o pueriles pruebas de fuerza entre los adolescentes coruñeses, o incluso objeto de tala por parte de vecinos a los que le molesta su situación. En definitiva, situaciones ridículas que solo podían ocurrir con la Marea Atlántica al mando. No parece casualidad.