Está nervioso Xulio. Las cuentas no sólo no salen sino que apuntan a hecatombe. La Marea confiaba en el tirón del último mes, en el cara a cara de los debates para romper con las previsiones y salvar la alcaldía aunque solo fuese con siete concejales y a base de pactos de la vergüenza. Pero el primero de los exámenes lo suspendió el todavía alcalde de A Coruña. Fue en Radio Voz donde se pusieron en evidencia su capacidad para contradecirse y al tiempo para desviar culpas en todas las direcciones posibles. 

Ferreiro acabó el primer debate electoral hecho un basilísco y ni siquiera esperó a abandonar las instalacione de Radio Voz para abroncar a su jefa de prensa, Alba Barbadillo, cuya hermana va además en la lista mareante. A Xulio le llegaron disparos desde todos los flancos y no supo articular una defensa coherente, más allá de la habitual del victimismo. Le cayó encima la incapacidad para invertir los recursos económicos de los que dispone el ayuntamiento o de captar nuevos fondos, la suciedad o la inexistencia de ayudas al pequeño comercio.

El alcalde no deja de cometer errores en su estrategia. Lo mismo se vanagloria del triunfo de Pedro Sánchez que critica sus actuaciones. Es pura contradicción e improvisación. No supo argumentar en el debate porque las líneas de bus no se han actualizado, tal y como pregonaba que debía hacerse hace cuatro años. “Está feito o deseño da súa remodelación”, acertó a balbucear. Y hasta Jorquera le afeó la chapuza del carril bici. Tras ponerse en evidencia, después de tanta pobreza argumental la respuesta del Ferreiro fue la de avinagrarse con los suyos.

Este domingo le llevaron de sesión vermú a Monte Alto se supone que a dialogar coa veciñanza. Acudieron apenas una veintena de personas, la mayor parte de ellos acólitos. No faltó su jefe Iago Martínez, que cada vez luce más sombríos. Los trackings que manejan en la Plaza del Humor apuntan a que el séptimo concejal es a estas alturas un milagro. Y el sexto también.