Abajo las caretas justo la víspera de que empiece la campaña electoral. Después de unas semanas haciéndose los dignos, los socialistas presentes en María Pita, representantes de una facción del partido en la ciudad, dejan claro que no dejan de ser unos lacayos del gobierno actual y que en todo caso están apostados para hacerse con el poder a cualquier precio, incluso al del respeto a sus siglas. Por llegar a los catorce concejales, que sin duda no obtendrán en las urnas, no dudarán en ir en comandita con aquellos a quienes ahora censuran. 

Así lo demostraron al votar con los mareantes para que se le retirase el título de hijo adoptivo de A Coruña a Manuel Fraga Iribarne y a Laureano López Rodó. El líder socialista coruñés, el único que ha alcanzado mayorías para el partido en la ciudad, Francisco Vázquez ya ha dado su opinión sobre la actitud de esos que ahora tratan de tomar su lugar: “Es una vergüenza”. Y va más allá, al acusar a la tripa dirigida por Inés Rey de romper “con todo lo que representó la Transición y el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra”.

La ignorancia es osada y el radicalismo tramposo. Inés y Yoya están muy lejos de entender esas referencias históricas a las que se refiere Vázquez, carecen de sentido de Estado y de Gobierno, ignoran que durante mucho tiempo, al margen de las divergencias políticas, un gobierno socialista en A Coruña trabajó mano a mano con uno popular en Santiago para beneficio de sus ciudadanos. 

Manuel Fraga obtuvo cuatro mayorías absolutas en las urnas, acudió al mismo examen al que ahora se presentan socialistas y mareantes. Le votó la gente, entre ellos decenas de miles de coruñeses. El sometimiento a la ultra izquierda de los que ahora rigen el partido socialista en la ciudad advierte sobre el pelaje de Inés Rey y de lo que está por venir si consiguen mantener el mando en el ayuntamiento cuatro años más. El pacto que tanto se tapaba ya está sobre la mesa, pero lo peor es la deslealtad y la falta de respeto a tus propios votantes. Paco Vázquez lo ha resumido de manera muy gráfica: “Es una ignomína determinar quienes son los buenos y los malos”.