Hasta el final llegará la Marea con el escándalo y el despropósito. Nada de lo que tocan acaba bien y todo lo malo puede ir a peor con los gestores más incapaces que conoció A Coruña. Ahora les ha estallado el conflicto en las bibliotecas municipales, donde los trabajadores han convocado por unanimidad una huelga indefinida que comenzará el próximo día 20, justo en la semana que desemboca en las elecciones. 

Xulio Ferreiro se ha apurado a apagar el fuego. Pero el bombero llega tarde porque además primero hizo de pirómano. El alcalde engañó a los trabajadores de las bibliotecas durante cuatro años. Antes lo hizo con los votantes, a los que explicó que con él al mando iba a haber una cascada de remuncipalizaciones de servicios que presuntamente iban a estar en mejores manos si de ellos se encargaba el ayuntamiento.

Mientras tanto el contrato con la empresa que se encargaba de las bibliotecas venció a finales del pasado mes de enero. Y como sucedió con otros como el de recigida de basuras o el de limpieza viaria nade se hizo en tiempo y forma. Y ha condenado a los trabajadores a la precariedad y el impago. Ahora Ferreiro anuncia un “contrato de urxencia” y dice que los curritos son “rehenes de una discusión política”.

La única discusión es que quien debía hacerlo fue incapaz de sacar adelante la gestión de un nuevo contrato.

El comité de empresa explica en un comunicado su profundo desencanto y malestar por la “incapacidade manifesta do goberno municipal” para gestionar “de forma solvente, rigorosa e fiable” el servicio. Y alude a otra incapacidad de los chicos de Ferreiro, “la de cumprir os compromisos que eles mesmos comunican”.

«Las Bibliotecas Municipales deben seguir creciendo y respondiendo a las inquietudes del vecindario, objetivo para el cual contarán siempre con todo el apoyo y todo el compromiso de este Ayuntamiento», dijo Ferreiro en mayo de 2016. El engaño a los trabajadores es palmario. Como a tantos otros colectivos ya desengañados. Todo parte de la utopía remunicipalizadora. Durante la campaña electoral de 2015 la Marea acudió a todas las orillas para dejar claro que el ayuntamiento debía rescatar una serie de concesiones, una de ellas la de las bibilotecas municipales.

El 10 de junio de 2016 anunciaron que se iniciaba el expediente de remunicipalización del la red de bibliotecas, que estaba en manos de una empresa privada con un contrato que vencía en noviembre de ese año. La Marea iba a resolver varios problemas que había identificado, entre ellos “importantes distorsiones en el funcionamiento de la red que representan una debilidad y una amenaza para su futuro” o “una descoordinación debida al modelo de privatización”. Y anunciaban que la medida iba a suponer un ahorro de 532.090 euros anuales para todos los coruñeses, los correspondientes al beneficio empresarial de la concesionaria (que cobra dos millones de euros al año), los impuestos y una serie de gastos generales. Nada de eso ha sucedido. Y con un agravante: 60 trabajadores han quedado en precario.

Esa remunicipalización iba a afectar a cinco bibliotecas, pero en el verano de 2017 el Concello ya sabía que lo que había prometido, y hasta anunciado y cuantificado, no iba a suceder. Al final el contrato con la empresa se tuvo que prorrogar, así que los mareantes lanzaron una nueva idea, la de hacer contratos puente al personal de las bibliotecas para integrarlos de manera paulatina en Emvsa, la empresa municipal de vivienda, servicios y actividades.

Ya entonces el resto de grupos municipales habían advertido de que todo aquello era propaganda, que las expectativas que generaban entre los trabajadores eran falsas. Después de dos años dando bandazos al final no hubo remunicipalización y se licitó un nuevo contrato que ni siquiera garantizaba las condiciones laborales anteriores, según denunciaron los representantes de los trabajadores.

El secretario municipal, el interventor y el responsable jurídico de Emvsa advirtierom que la idea mareante no obedecía a la legalidad. “Todo es discutible jurídicamente, esto es una cuestión de si creemos en los servicios públicos y de si creemos en la gestión pública de los servicios públicos, es una cuestión de valentía”, dide ahora Ferreiro, valiente con el pan de 60 familias que tenían trabajo remunerado antes de que él llegase al ayuntamiento. Hoy sólo tienen impagos, inestabilidad y precariedad.

Remunicipalizar un servicio no es sencillo, pero existen procedimientos para hacerlo y es preciso disponer de dos valores para llevar a cabo el proceso: voluntad y capacidad. Y en el fondo lo que queda en evidencia es que la remunicipalización es algo más que una ocurrencia ideológica. Y entender que cuando un ayuntamiento otorga una concesión a una empresa no está privatizando sino que se convierte en supervisor para garantizar que se gestione en consonancia con el interés público.