Los intereses electorales mueven las montañas más altas. Es la única explicación que se le puede encontrar a la visita de Pedro Sánchez a A Coruña, ciudad ninguneada por su propio Gobierno tanto en presupuestos como en políticas generales. Han tenido que llamar a la puerta unas elecciones municipales para que el recién reelegido presidente nacional recuerde la existencia de aquel lugar del noroeste del país, y su candidata socialista a la alcaldía, evidentemente, dio palmas con las orejas. No es la primera vez que Inés Rey presume de los éxitos del mandatario al que en su día quiso fulminar con su apuesta por Susana Díaz. Todo parece aparcado: «Un voto puede decantar esta maravillosa ciudad», dijo el máximo responsable socialista.

Resulta cuanto menos irónico que hace un mes el propio Pedro Sánchez ignorara de forma descarada a la ciudad que ahora considera maravillosa. Hace tan solo cuatro semanas, el ejecutivo que continuará dirigiendo decidió autorizar un enlace de la AP-9 con el aeropuerto compostelano de Lavacolla mientras que obras igual o incluso más necesarias como la ampliación de la avenida de Alfonso Molina fueron un cero a la izquierda, no digamos ya la conexión de la autopista con Alvedro. Para cualquier cosa más que no sea usarla como gran foco de carteles electorales, claro.

Por si acaso, el acto de unión entre presidente y candidata a alcaldesa se celebró alrededor de militantes socialistas para no repetir aquella otra visita de marzo, cuando el entonces aspirante a la reelección tuvo que hablar rodeado de ciudadanos en un polideportivo de barrio porque era el único recinto que colaba como lleno. Por si fuera poco, aquel día también se vio obligado a aguantar a una congregación de trabajadores de Alcoa que utilizó sabiamente su visita para denunciarle en primera persona la situación de sus empleos. Escasos puntos en común entre un acto y otro. El que no estuvo en el más reciente fue Xulio Ferreiro, otro que se agenció la victoria de Pedro en las generales y con el que no dudará en volver a pactar si tras el 26-M es necesario para mantener el poder.