Tapado aunque sea el número dos de la candidatura, el Sancho Panza enviado por Valentín a la lista de Inés Rey ha adoptado un perfil ínfimo durante las últimas semanas. Así seguirá hasta el final de la campaña. Lage Tuñas será concejal del ayuntamiento de A Coruña, algo inaudito para un tipo sin vínculo alguno con la ciudad, un cunero, un profesional de la política como bien delata su currículum.

Porque Lage es politólogo, curiosa faceta profesional que le permite sumar lo mismo ocho que ochenta. Su trayectoria advierte de que estamos ante un vivales, un buscavidas que en su día fue contratado mediante un concurso sin publicidad, o lo que es igual: a dedo, por la Diputación de Ourense para asesorarla en “prácticas de buen gobierno y transparencia”. La pirueta se completa si se considera que la parte contratante fue José María Baltar, presidente del organismo provincial con el PP. Lage Tuñas había denunciado poco antes de ese acuerdo la “baltarización de la Xunta”. Luego trabajó para él. Y todo mientras seguía militando y tratando de medrar en el PsdeG-PSOE.

21.500 euros más IVA facturó el politólogo socialista a la diputación pepera por una asesoría realizada a través de Mapa Global Consulting SL, de la que en el momento de la contratación era único socio y administrador, una firma que nació para “la prestación de servicios de consultoría, asesoramiento, formación e información tanto a las personas físicas como jurídicas”. “Si no tuvimos que competir con ninguna otra empresa fue porque la propuesta del trabajo fue nuestra; se lo propusimos y él aceptó; no hay nada más”, explicó el ahora número dos de Inés Rey.

Lage Tuñas disputó el liderazgo del PsdeG en la provincia de A Coruña en junio de 2012, cuando se abrió la sucesión de Salvador Fernández Moreda. 106 de los 180 compromisarios brindaron su apoyo al exministro Francisco Caamaño. 37 votaron a Lage Tuñas, que ya había intentado sin éxito el asalto al poder dos años antes, y 36 a Valentín González Formoso. Entonces Sancho Panza iba por delante de Don Quijote.

Siempre preocupado por llegar allí donde se manejan los resortes del poder (su ascenso desde la nada llegó a la vera de Touriño), el incansable politólogo noiés no dudó en trabajar para Baltar. “La ética comienza por uno mismo y es muy fácil predicarla para los demás”, comentó Caamaño cuando tuvo conocimiento de la jugada. “Es curioso que alguien que va a asesorar en buenas prácticas comience siendo contratado a dedo”, censuró el entonces líder socialista.

Lage se puso de perfil y fue a lo suyo por más coherencia que le pidieron en el partido. Cobró por sus trabajos, aguardó su momento y se pegó a aquel que le podía hacer ascender en el escalafón. No dudó en anotarse a una candidatura para los que otros hicieron muchos más méritos y ahí está como un extraño añadido. Si los socialistas mantienen el poder en la Diputación coruñesa se hará fuerte allí y si no se guardará la baza de María Pita. El que resiste gana, pensará.