Estamos en época de encuestas, y lo que muestran no le viene muy bien a Xulio Ferreiro. El miedo a perder el sillón provoca la pérdida de algún estribo que otro. Nada inhabitual en el todavía alcalde coruñés, que incluso se ha animado a arremeter contra «medios que se presentan a las elecciones por persona interpuesta». Y lo dijo tan pancho en una reunión convocada por la Asociación de la Prensa.

Pero es que además al magistrado suplente le ha dado por atacar sin piedad a los socialista, su cooperador necesario durante los últimos cuatro años ¿Por qué? Porque la candidata sale en dichas consultas como la favorita para llevarse la alcaldía. Ferreiro, lejos de aceptar lo casi inevitable o tomar un camino más adecuado con el lanzamiento de chinitas de lado, ha sacado el arma de fuego más potente de su arsenal en un afán por darle luz a la ciudadanía a la que él cree que puede engañar.

El todavía máximo responsable del Gobierno de A Coruña no se cortó en definir al socialismo local como «la muleta del Partido Popular» en la legislatura que él ha protagonizado, aunque los propios socialistas fueran clave tanto para garantizar su estancia en la alcaldía como para darle luz verde a algunas de las propuestas presentadas en el pleno. No acabó ahí la cosa, porque también acusó al partido de la rosa y el puño de «participar en la estrategia de mentira y crispación comandada por el PP», y meterles «el sambenito de la corrupción» por el dichoso caso de la compra de pisos ilegales, el mismo que retrató a la Marea.

Eso sí, después bajó un poco el pistón y especificó algunas cosas por si la hemeroteca. Primero se molestó en separar al PSOE coruñés con el nacional dirigido por Pedro Sánchez, no vaya a ser que alguno le sacara sus declaraciones prácticamente atribuyéndose sus éxitos de las elecciones generales: «Se fose consciente dalgunhas cousas ó mellor non viña facerse as fotos que veu facerse», comentó sobre la visita de Sánchez a un hotel de la ciudad. Luego le reprochó no haber hablado cara a cara con los trabajadores de Alcoa. ¿En qué quedamos? Más tarde, por si sale la necesidad de hacer pactos que le mantengan en la alcaldía no cerró la puerta a hablar con los socialistas. Nada como el poder.