Xulinés y Maresoe ya hace tiempo que están en campaña. En realidad ya hace cuatro años que se hicieron con el control del ayuntamiento coruñés aunque traten de dinamitarse o de disimular. De alguna manera esa actitud advierte respecto a lo que le espera a la ciudad si sucede un nuevo matrimonio de conveniencia. 

La lógica matemática salta por los aires en la política, que tampoco aplica una matemática lógica. La aritmética electoral no les cuadra a socialistas y mareantes, en especial a los pilotos del actual desgobierno municipal, que ven como las encuestas les sitúan a cinco meses de las elecciones muy por debajo del resultado alcanzado en 2015 con miles de votos prestados. Despreciemos los números y hagamos un intenso ejercicio imaginativo para pensar que la izquierda, después de cuatro años de desastres, de un tiempo teñido de decepción incluso para quienes creían a pies juntillas en esa entelequia bautizada como nueva política, podría llegar después de todo a sumar 14 concejales. 

Esa hipótesis abriría un escenario surreal. Los mismos que se juntaron hacep oco más de un año, en un ejercicio de amor incondicional de los socialistas, para dar visto bueno a unos presupuestos que dejaron más del 60% del gasto sin ejecutar y que luego no se pusieron de acuerdo (empezaba el disimulo electoralista) para aprobar unas nuevas cuentas que sacasen a la ciudad de su parálisis. Esos mismos, para mantenerse en el poder, deberían pactar una boda entre divorciados.

Puede ocurrir además que socialistas y mareantes precisen del apoyo nacionalista para que las matemáticas sumen y sumen hasta 14. Obviaremos pasadas referencias a bipartitos y multipartitos en nuestro entorno, pero lo realmente sorprendente es que ese pareja de divorciados se abriría a un salvaje trío con el BNG, que se caracterizó a lo largo de los últimos meses por fiscalizar y mostrar las miserias del poder que se ejercía en María Pita. 

Resulta complicado, incluso para los más ingeniosos, imaginar no ya una cama tan poblada sino tan variopinta y con un pasado tan plagado de reproches entre sus integrantes. “Victimistas”, les dice Yoya Neira a los mareantes. “Les dimos un voto de confianza de doce meses y no hicieron nada”, explica la candidata Inés Rey. “Fixeron que perdésemos o tempo”, les replica Xulio Ferreiro. “A Marea está moi cómoda botándolle aos demais as culpas do que non fai”, tercia Avia Veira, la portavoz municipal del BNG. Esos son Xulines y Maresoe.

Somos gente que discurre y, sí, podríamos hasta conjeturar con un trío que acudiese a investir alcalde o alcaldesa con una mano en la nariz y con la otra en la urna para llegar así al carguiño, que además para algunos de los implicados representa un modo de vida… 

¿Pero podemos imaginarnos a la ciudad durante cuatro años más si eso llega a suceder?