Nada como cuatro años de fracasos y tensión para aniquilar las mejores amistades y/o colaboraciones. Si algo caracterizó la campaña electoral de la Marea Atlántica en 2015, fecha en la que Xulio Ferreiro se hizo con el Gobierno de A Coruña, fue la intervención de Pablo Iglesias a favor del entonces candidato de las camisas de cuadros. El líder podemita aportó un elemento potenciador que convirtió al magistrado suplente en un compañero suyo de toda la vida a la vista del público, agenciándole la fama y las promesas que en su momento conllevaban todo lo que tuviera el nombre de Podemos. «Al cambio ya no hay quien lo pare, ve haciendo las maletas porque te mudas a la Moncloa», le dijo Ferreiro a Iglesias en un acto multitudinario. Un visionario.

No deja frases así, ni de lejos, la campaña de 2019. De lo máximo de lo que ha disfrutado el afín medio a la Marea es de la presencia de Irene Montero, consorte de Iglesias que visitó un Palexco sin casi oyentes. No le debió gustar al actual alcalde, que afeó el acto sin dejarse ver. Ferreiro ignora ahora a Iglesias, en su día gran promotor. También a todo lo que tenga que ver con él.

El líder de Unidas Podemos no se ha hecho el sueco ante este repentino desinterés del mandatario local, así que a modo de justicia divina ha decidido no incluir A Coruña en la lista de paradas que formarán parte de su gira gallega, previa a la celebración de las elecciones municipales. Tampoco irá a la Santiago de Compostela de Martiño Noriega, otro gobernante mareante que pasó de ir al acto de su pareja en A Coruña. Iglesias sí aparecerá en Ferrol y Vigo para apoyar a Jorge Suárez y Rubén Pérez. El primero sí se posicionó públicamente a favor de la lista de En Común Unidas Podemos, ese conglomerado resultante de la ruptura de Esquerda Unida y Podemos con En Marea.

De un acto multitudinario en 2015 a ni siquiera pisar la ciudad en 2019. Parece que no todas las relaciones que en su momento triunfaron tienen asegurada la supervivencia.