Para ellos fue bonito mientras les duró. Se acabó. La Marea no seguirá al frente del gobierno local en A Coruña, aunque sí que servirá de muleta para que los socialistas pueden tomar el relevo. Se van los mareantes y se irá casi seguro Xulio Ferreiro, que derrotado no quiso contestar a la pregunta que le hicieron sobre su futuro. Dijo que lo decidirá esta semana y lo apuntó con la voz quebrada y entre las lágrimas de sus colaboradores más cercanos. El diseño de la lista no era casual. Xulio, sin alcaldía, volverá a sus quehaceres en la universidad y el séptimo de la candidatura, que casualmente es su hasta ahora jefe Iago Martínez, se convertirá en el primer concejal vigués y celtista del ayuntamiento de A Coruña. 

A la Marea se le han ido por el desagüe de su incompetencia más de diez mil votos respecto a 2015. Cerca estuvieron de perder la mitad de sus concejales. “Como cabeza visible deste proxecto, asumo en primeira persoa a responsabilidade deste resultado”, se inmoló Ferreiro. “Lamento as decepción e pídolle disculpas por nos estar á altura das expectivas a toda esa xente que retiraron a confianza en nós”, dijo el alcalde interino. 

Ferreiro emplazó a sus partidarios a emprender una reflexión. No parece probable que lo hagan sino que más bien se agarrarrán a la concejalía para garantizarse un salario durante los cuatro próximos años. Parece claro que entre las múltiples motivaciones del desplome figura la escasa vocación renovadora de la Marea a la hora de hacer la lista de candidatos. “Algunhas causas do descenso serán complexas e outras simples”, dijo Ferreiro en un penúltimo alarde de nadería. La Marea se ha desplomado incluso en A Coruña, donde mantuvo la fuerza interna suficiente como para no disgregarse en el mar de siglas que ha llevado al geríatrico a la nueva política. 

Ahora le toca a otros y Ferreiro ya da por hecho que será Inés Rey la que mande. “Espero que estea á altura do mandato popular que ven de recibir e teña a valentía de facer as reformas que esta cidade necesita”. La Marea tuvo cuatro años para hacerlo y hasta su propio alcalde reconoce, tácitamente, que no fue capaz de hacerlas. Ahora prepara el relevo y el abrazo que va tras estas líneas lo deja claro: ya no habrá filtros.