Más de 60 horas tardó en reaparecer públicamente el que se autodefinía como xente do común. Emparentado con una familia de muchos posibles y algún problemilla, al niño bien hijo de alto empleado de La Voz de Galicia, alumno del Calasanz y magistrado suplente ocasional, se le acabó la buena suerte que ha guiado su carrera. Las urnas quisieron ponerlo en su sitio, dando clase en la Universidad, y poner fin a la experiencia de Xulio Ferreiro como alcalde, un máster de cuatro años de duración que ha puesto en evidencia lo que todos intuimos: Ferreiro es una fachada que habla mucho, rara vez con la compañía de la verdad, y un pésimo gestor.

Después de una campaña basada en acusar a todo el mundo de su incapacidad, llegando incluso a falsear algún pantallazo de alguna encuesta para autoconvencerse de que tenía un apoyo ciudadano que no era tal, Ferreiro no ha parado de llorar sus desgracias desde el domingo a las ocho de la tarde. No pudo contener las lágrimas al llegar a la plaza del Humor, tampoco al anunciar los resultados que confirmaban la debacle que no quiso ver.

Este miércoles, derramó unos pocos llantos más en el minúsculo salón del Ayuntamiento que eligió para anunciar que se va, al menos por el momento. Rodeado de sus concejales, incluidos los cuatro a los que defenestró de su lista por imposición del vigués Iago Martínez, y por las decenas de asesores y altos cargos puestos a dedo, leyó una carta repleta de reproches y disculpas con las que enmascarar la inacción de su mandato.

Acabaron llorando a moco tendido la incapaz María García, responsable de la peor de las imágenes posibles para un alcalde: la ciudad llena de mierda por todas las esquinas; también la imputada Claudia Delso. Aguantaron, quizá con alguna risa incluso, Eugenia Vieito, una de las caídas del régimen, y Silvia Cameán, quizá feliz por ver cómo entra en el equipo municipal mareante su querido Iago Martínez, que aplaudía como un loco desde detrás de los periodistas para marcar los tiempos al resto de la pandilla.

Ferreiro se va con cobardía. Huye para no tener que entregar el bastón de mando a Inés Rey. Demuestra una falta de reconocimiento impropio de quien recibió la vara de manos de su antecesor, el popular Carlos Negreira, que asumió con ejemplar elegancia la derrota y cumplió con el procedimiento democrático. Otra lección que Ferreiro deja sin aprender.

Como dice Jaime Urrutia, aquella voz de Gabinete Caligari que alumbró a los premillenialls, tanta paz lleves como descanso dejas. Aunque nos castigues con el vigués.