Que eran unos iluminados que venían a arreglarlo todo, ya lo sabíamos. Que eran muy incapaces de cumplir tan siquiera con los mínimos exigibles a cualquier gestor público lo hemos descubierto en estos cuatro inolvidables años en los que la Marea ha demostrado no ser más que un torrente de palabras sin contenido alguno. Su cerebro, el vigués Iago Martínez, puede estar contento de haber creado un monstruo a su imagen y semejanza.

La última ofensa es de traca. A la Marea Atlántica se le olvidó el día de la toma de posesión de los nuevos concejales, a pesar de que la fecha de la investidura está fijada por una ley orgánica que dice que la primera sesión de las corporaciones municipales se celebrará tres semanas después de la votación.

La torpeza de la Marea es tal que confundieron el fin de semana. Dejaron libre de bodas el anterior a la fecha fijada por la ley, el del 8 de junio, y permitieron reservar el salón de plenos para el 15, lo que obligará a trasladar la toma de posesión de Inés Rey al sábado por la tarde, un hecho inédito en la historia de la democracia reciente.

Ferreiro le robará así unas horas a la nueva alcaldesa, pero, además, demostrará su falta de cortesía y su poca valentía al ausentarse de la ceremonia de traspaso de poderes a la que un día fue alumna suya y hoy le ha puesto fuera de la primera línea de la circulación política municipal.

El desastre protocolario tiene un nombre propio más: el de la concejala de Hacienda, Eugenia Vieito. La misma que fue capaz de dejar sin nómina a Iago Martínez al olvidarse de él en los presupuestos, quizá de forma intencionada. Vieito ya fue expulsada de María Pita por los suyos, que la excluyeron de las listas. Y se ve que se ha relajado tanto que ya no ha querido ni trabajar los mínimos exigidos. Ella, al menos, tiene un sueldo, de algo más de veinte mil euros, del que seguir viviendo como personal administrativo de la UDC.