A Coruña es esa gran ciudad que ha podido estar cuatro años paralizadas, así que podía todavía aguardar 40 días más hasta que socialista y mareantes se repartiesen el tesoro. Atrás quedan pasados alardes verbales sobre la imposibilidad de llegar a acuerdos. El paripé ya está aquí y consiste, según el documento firmado, por ambas partes en “sumar esforzos para construir unha maioría suficiente de carácter progresista”. En definitiva, para repartirse el poder las dedicaciones parciales y exclusivas y los salarios subsiguientes, que a eso es a lo que se ha dedicado la mayoría progresista durante estas últimas semanas.

El pacto llega mientras Inés Rey empieza a manejar los resortes del poder, que no están precisamente donde ella dijo que iba a estar. Avisó de que iba a estar en la calle, de que ella venía de ahí y que ahí se iba a quedar. Por ahora está más sobre las alfombras que sobre el asfalto, lista para hacerse la foto con los responsables del Club Financiero o acercarse hasta el Náutico y con una tendencia a la prudencia fronterizo con la inacción: nada se sabe del cartel de las fiestas de agosto cuando queda menos de un mes para que empiecen.

Rey no está en la calle porque en María Pita hay mucho por hacer. Repartir cargos, sueldos y acordar con la Marea el salario de los herederos de Xulio, que se quedarán con un pírrico legado de un par de dedicaciones exclusivas de seis horas y tres parciales de cuatro. Seguirán, por tanto, a sueldo público cinco ediles mareantes. El sexto, Alberto Lema, ya corre a cuenta de la Diputación. Y dispondrán además de tres asesores remunerados. Eso sí, los plenos ya no serán los lunes, que no era un buen día porque obligaba a preparar los temas durante el fin de semana. Ahora serán los primeros jueves de cada mes.